Cuando la imprevisibilidad de la fuerza mayor es frecuente, y más aún, si suele presentarse con cierta periodicidad, o existían indicios de que podría presentarse, no constituye un caso de fuerza mayor porque el obligado razonablemente ha debido preverlo y medir su propia habilidad para conjurarlo, o bien abstenerse de contraer el riesgo de no creer que podría evitarlo.